Jesús y lo que surja.

La aventura de una vida plena.

Jorge Molino Madrigal

Se nos ha dado la posibilidad de vivir intensamente cada instante y de amar en plenitud, superando nuestros miedos y nuestras propias limitaciones. Lo que de verdad mide nuestra vida, nuestros actos y a nosotros mismos es el Amor que hemos recibido, el Amor que nos ha creado, salvado, iluminado, redimido, definido. La vida en plenitud es una tarea. Ante la realidad que nos toca vivir, tenemos que asumir todo el protagonismo. Para eso, es necesario contestar a esta pregunta: «¿Qué puedo decir de mí?». Nos equivocaremos casi siempre si antes no hemos profundizado en quiénes somos. Para responder adecuadamente deberemos ir a lo más íntimo de nuestro yo. Ahí, en el punto más céntrico de mi ser, está Dios. Dios es quien me dice quién soy. Él es el fundamento de mi existencia, eso que nadie puede mover, ni quitar, ni romper. Y es Dios quien me dice: «Tú eres mi hijo». El significado más radical de nuestra existencia nos lo da quien nos ha amado desde siempre. Podemos tener proyectos más o menos interesantes, luchar por nuestra realización y crecer cada día más como personas, pero sin Cristo nuestra vida carece de la trascendencia y la plenitud que están inscritas en lo más profundo de nuestro corazón. Al margen de Cristo podemos tener éxito, pero no plenitud. Que en tu centro no estés tú, sino Cristo, y que en tu deseo de responder a ese Amor que te ha amado primero encuentres sentido a todos tus quehaceres cotidianos. Y Él, que da sentido a todo lo que existe, te proporcionará la fuerza necesaria para afrontar todas tus luchas.

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